“El primer atentado contra los indígenas es idealizarnos. El segundo es no entender que hay muchas maneras de ser yukpa. Si un indio te habla como yo, le dicen: ‘Ese no es indio’. Pero mi abuelito pescador me enseñó filosofía griega”, ironiza Juan Carlos La Rosa, yukpa mestizo y activista de derechos humanos (perfil de Amnistía Internacional).
Conversamos con él sobre por qué los yukpas de la Sierra de Perijá (Zulia) han aparecido frecuentemente en las Arepitas de semanas recientes y, casi siempre, por manifestaciones que generan molestias en otros zulianos o terminan con violencia.
—Las protestas de los yukpas en realidad no empezaron en 2023. ¿Cuáles son las raíces de su malestar?
—Cuando Chávez llega al poder, los yukpas estaban en un abandono exponencial. Se les había despojado de sus terrenos planos y vivían en una resistencia precaria en las montañas. Con Chávez se genera toda una serie de esperanzas que, hay que decirlo, resultaron incumplidas y fallidas. No todos los pueblos indígenas están en crecimiento demográfico, algunos decrecen, pero los yukpas, por su estructura social híbrida (patriarcal y matriarcal), están creciendo.
El chavismo les ha dado ayudas que en realidad no son para ayudar, sino para construir dependencia. Pero eso ha ocurrido, en realidad, con todos los venezolanos. El hambre y la mendicidad son el resultado de una manera de relacionarse con los yukpas, a los que se les impusieron planes de siembra sin asesoramiento técnico ni comprensión cultural.
En Zulia, el problema de los yukpas se estudia militarmente: existe una sala situacional militar con un plan yukpa, para asignarles bolsas de comida, casas mal hechas e incluso un liderazgo indígena impuesto. Los yukpas ni siquiera tenemos “caciques”. No es una palabra nuestra, sino colonial.
La palabra más adecuada para un líder yukpa es yuatpu, empezando por ahí.
—No hay una crisis humanitaria yukpa, como usted dice, sino una crisis humanitaria de todos los venezolanos. ¿Por dónde podría empezar una solución para los yukpas?
—Por lo que se nos enseña en la escuela: cumplir y hacer cumplir las leyes. A los yukpas se le restringe el derecho a la libre circulación y al movimiento de sus mercancías por el territorio nacional. Como todo grupo humano, los yukpas tienen necesidades. Hay otro derecho que le preocupa mucho al Estado: el de la protesta. Si a mí me dejan movilizarme hasta una ciudad, ¿por qué no voy a protestar allí por mi ausencia de vialidad, por mi derecho a la demarcación de tierras y sobre todo a la autodemarcación?
El yukpa es visto solo como un problema. Hemos sido víctimas de derechos humanos, pero no somos solamente víctimas. Somos mucho más que eso. Tenemos una riqueza social, idiomática y etnobotánica.
En la Sierra de Perijá somos los guardianes del agua, tenemos conocimientos para su preservación.
Si nos dejan, podemos ayudar al resto de los venezolanos.
—Más allá del problema actual, ¿qué caracteriza culturalmente a los yukpas?
—Tenemos una raíz caribe compartida con pueblos de otras partes de Venezuela, como los yekuanas y los pemones. Eso nos diferencia, por ejemplo, de los wayúu de aquí del Zulia. Los yukpas hemos desarrollado ciclos migratorios fuertes y una visión territorial desvinculada del concepto occidental de la productividad agraria, y esa es una de las claves para entender sus problemas actuales.
Probablemente hay una manera de ser caribe que genera conflictos entre nuestros propios líderes. El gobierno lo sabe y lo usa de manera alevosa para generar divisiones y luego aparecer como supuesto intermediario. Pareciera que estamos hechos para pelear, pero cuando nos conoces, encuentras a un pueblo amable y de buen trato.
—¿Los yukpas son personas más conflictivas o violentas que los demás?
—Nuestra violencia es construida. Nuestra hambre es construida. Hay otros actores violentos en la región: la clase ganadera del Sur del Lago de Maracaibo generalmente ha tenido una visión muy racista hacia los yukpas que viene desde la colonia.
Ese racismo ha sido por igual chavista y opositor, y con frecuencia es muy difícil imaginar su magnitud fuera de Zulia.
Los yukpas somos un espejo en el que pueden verse el resto de los venezolanos: se nos aplicó también un modelo de minería (en nuestro caso del carbón), de extracción, de despojo y de devastación. Como todos los pueblos, tenemos características buenas y otras difíciles.
Somos una sociedad compleja y diversa.
Hay yukpas en los que yo no confío, por ejemplo, los que trabajan con el Ministerio para los Pueblos Indígenas.
Si arrinconas a un pueblo y le arrebatas su identidad y economía, lo conviertes por definición en un pueblo delincuente.
Todo lo que haces es ilegal: matas gente, robas ganado, eres un flojo que no trabaja.
Nosotros teníamos un líder asesinado, Sabino Romero, al que veías en una hamaca a las 10:00 de la mañana.
Lo que los visitantes no sabían es que ese yukpa se había parado a cosechar desde las 3 de la madrugada.
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