El "Compadre de Papelito" en Navidad, ¿Un antecesor del "Amigo Secreto"
Nos cuenta Lucas Manzano en su libro póstumo "Tradiciones Caraqueñas", que para iniciar las alegrías navideñas, tenían lugar unos muy criollos sorteos que buscaban emparejar a los llamados "Compadres de Papelito".
Era costumbre en las navidades en Caracas, importada esta seguramente de algún país europeo, las reuniones de damas y caballeros que escribían sus nombres en pedacitos de papel, que luego introducían en dos sombreros de los allí presente, uno para las damas y otro para los caballeros. Una vez depositados los papelitos, se turnaban para extraerlos. Entonces una de las damas sacaba los papelitos del sombrero que contenía los nombres de los caballeros, estuviese presente o ausente, mientras un caballero realizaba la misma operación en el sombrero con los nombres de las muchachas. De esta manera se emparejaban los compadres con las comadres de papelito, emparejamientos que en muchas ocasiones, según nos cuenta Lucas Manzano, terminaban en noviazgos y hasta en pomposas entradas para acudir al altar.
El muchacho que resultaba “Compadre” estaba obligado a enviarle a su “Comadre” algún frasco de Agua de Colonia, Loción de Pompeya o similares y ella, para corresponder a la galantería, le obsequiaba a su compadre una corbata de lacito o un bastón “regatoneado” en plata, o alguna otra prenda de uso común para hombres.
Entonces, las noches previas a la Nochebuena, transitaban los compadres y comadres de casa en casa, transportando compoteras con Dulce de Lechosa, Hallacas, un Ponqué de elaboración exclusiva para tal ocasión, Caratos y otras viandas y brebajes.
Muchas veces, el Compadre obsequiaba a su Comadre organizando algunos músicos que serenateaban a la escogida y ésta, una vez enterada que recibiría tan galante agasajo, ponía en circulación invitaciones a sus amigas, preferentemente dentro del círculo de la “comadrería” para que la acompañaran durante el evento musical.
En otras ocasiones se organizaba una “bailadera”, que mediante el aporte de unos cuantos bolívares por cabeza se aseguraban de surtir la reunión con refresco de horchata, sangría y alguna que otra “bebida espirituosa”.
Según Lucas, los más entusiastas para la organización de estos festejos, eran los muchachos y muchachas de la Parroquia San Juan, y casi siempre utilizaban el sistema de “contribuciones”, puesta de moda, según él, por un tal Miguel Montiel. Era casi indispensable en estas veladas, la presencia de cantores y recitadores y la realización de diversos juegos de salón, como el de “La Sortija”, que consistía en atar un anillo en la punta de un pañuelo y ponerlo en circulación de mano en mano mientras alguna muchacha de la fiesta recitaba lo siguiente:
La sortija vaya y venga
sin que nadie la detenga
ni la deje detener.
Y entonces, al finalizar el verso, a la persona en cuyas manos quedaba el pañuelo le tocaba pagar, si era hombre debía obsequiar a alguna dama con flores y si en manos de una muchacha quedaba, un ingenuo beso depositaba en la frente o mejilla del caballero afortunado.
Así se jugaban los sorteos para elegir los “Compadres de Papelito”, como nos dice Lucas Manzano: “Una imborrable impresión que nunca habrá de apartarse del recuerdo de los hombres del lejano ayer…”
Foto: La Plaza Bolívar adornada en Navidad, principios de 1900