"Los planes de Miranda"
¿Hacia dónde se iba Miranda? Pedro Gual, abogado y diplomático de la naciente república, contó en un artículo que luego de la capitulación conversó con el líder caraqueño sobre su destino. El Precursor aseguraba que España cumpliría con lo previsto en el tratado y que él se dirigiría a Nueva Granada para recibir el apoyo de Antonio Nariño. Quería ir a Cartagena y “con los recursos que podamos llevar con nosotros de acá, oficiales, municiones, etcétera y los que probablemente se obtengan allá, entraremos en Caracas sin correr los peligros de toda índole que se ciernen sobre nosotros en este preciso momento”.
Pero, preso Miranda, es enviado a Puerto Rico junto con otros ilustres próceres. Bolívar –desconociendo el plan del Generalísimo- realizaría ese año el periplo pensado por el héroe caído en desgracia.
El futuro Libertador se encontraría posteriormente con Monteverde. De esta reunión emanan distintas versiones, pero la certeza de que el jefe realista agradecería “los interesantes servicios”. Lo hizo en una carta al Gobierno español, reseñada por Parra Pérez: “Los que fueron contagiados, pero de algún modo obraron opuestamente a la maligna intención de los facciosos… En esa clase, Excelentísimo Señor, se hallan D. Manuel María de las Casas, D. Miguel Peña y D. Simón Bolívar… Y no puedo olvidar los interesantes servicios de Casas ni el de Bolívar y Peña”. La misiva es firmada el 26 de agosto.
Bolívar recibiría un pasaporte al exterior, desde donde reiniciaría la lucha por la Independencia venezolana. Monteverde lamentaría la decisión: se iría de Venezuela con la quijada destrozada, durante la Campaña Admirable que encabezó el caraqueño en 1813.
Picón-Salas, en su biografía sobre el Generalísimo, cuenta que en la reunión entre Bolívar y Monteverde sirvió de enlace el amigo del primero, el comerciante español Francisco Iturbe. Cuando se habló de “los interesantes servicios”, el caraqueño replicó: “Le prendí (a Miranda) para castigarlo, no para servir al Rey”. Alegó Iturbe, ante la sorpresa del capitán de fragata, para calmar los ánimos: “Ese joven no es más que un calavera. Déjalo que se vaya”.
#SimónBolívar probaría, poco después, la amargura de la traición. En 1814 en #Carúpano es acusado de ladrón y desertor por José Félix Ribas y Manuel Carlos Piar, poniéndolo en prisión y luego enviándolo al exilio; en 1816, en #Güiria, José Francisco Bermúdez lo intenta atacar a sablazos por diferencias, obligándolo a irse a #Haití. Y en 1828, en la nefanda noche de #Bogotá, no olvidaría la suerte de Miranda cuando un grupo de adversarios políticos pretende asesinarle.
La madrugada de La Guaira representó para Bolívar el nacimiento como líder, más allá de lo controversial de su intención de fusilar a Miranda y de su entrega a los españoles. En palabras de Picón-Salas: “Y es en ese momento dramático en que el discípulo se enfrenta a su maestro; en que el subalterno se siente poseído de un heroico y grande destino, y quiere abrirse paso por sobre toda ligadura de tradición o amistad. Para recuperar su ímpetu y su alma, en un acto desesperado de salvación psicológica, Bolívar se cargó de cólera contra Miranda. Y esta cólera, atizada por todas las reacciones del ambiente, lo cura un poco del sentimiento de humillación e inferioridad que le produjera el desastre de Puerto Cabello. Bolívar anhela ahora ser el único dueño de su imperiosa misión. Desde ese momento ya no tendrá más jefes”.
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