sábado, 19 de noviembre de 2022

LA AMARGA NOCHE DE MIRANDA. EL ARRESTO DEL PRECURSOS- PARTE (2)

 "El arresto del Precursor"

Baralt atribuye a Manuel María de las Casas y a Miguel Peña, gobernadores militar y civil de La Guaira, respectivamente, ser los actores intelectuales de la prisión de Miranda: “Empezó a correrse la voz de que Miranda había recibido dinero de los españoles como precio de su desgraciada capitulación. Añadíase que a bordo de un buque surto en la rada había depositado muchos miles de pesos, con los cuales pensaba irse a pasar el resto de su vida en países extranjeros, después de haber vendido a su patria. Cuidóse de insinuar hábilmente tales infamias en el ánimo de los militares y éstos exasperados ya hasta lo sumo y unánimes en atribuir a Miranda las desgracias sucedidas, se indignaron al considerar que el autor de ellas intentase escapar, dejándolos entregados a su suerte”.
El 30, Casas y Peña firmaron la orden de arresto, ejecutada el 31 en la madrugada por Bolívar y el resto de oficiales.
Miranda se había quedado en tierra, en la comandancia general de La Guaira –donde residía Casas-, negándose a embarcarse en uno de los barcos ingleses que lo sacaría del país. “Cuando los oficiales entraron en la pieza donde dormía el Generalísimo”, narra Caracciolo Parra Pérez en su Historia de la Primera República, “éste creyó que venían a despertarle para que se embarcase. Al advertir de lo que se trataba, tomó de manos de su edecán Soublette (futuro presidente de Venezuela) la linterna y, alzándola hasta la cara de los conjurados para reconocerles, pronunció la frase célebre: ‘Bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer sino bochinche’. Y siguió en silencio a sus enemigos”.
Aunque Baralt habla que el grupo no pretendía ejecutar al Generalísimo caído en desgracia (“No veían en aquel arresto sino una detención que duraría lo que durase el embargo y él tardase en explicarse”, dice el historiador zuliano), Pedro Briceño Méndez, compañero del Libertador hasta el final de sus días, señala que sí lo pensaron en hacer y que lo prohibieron Casas y Peña.
“Indignado Bolívar de esta nueva traición trató con los coroneles Mires, Miguel Carabaño, comandante Tomás Montilla y otros jefes más comprometidos sobre el modo de salvarse y habiendo convenido en que no había otro modo que el de arrestar al Dictador y castigarlo por sus traiciones, se dirigieron al comandante de armas de la plaza (que lo era el Coronel Manuel María Casas)”, señala Briceño Méndez en su Relación Histórica sobre la vida del Libertador. “Este accedió al plan y dio al coronel Bolívar la comisión de que ejecutase el arresto. Bolívar, acompañado de los mismos jefes nombrados, lo verificó y entregó al Comandante de la plaza el reo en la noche y acordaron diferir la ejecución capital, con que pensaban castigarlo, para el siguiente día. La ejecución quedó sin efecto, por qué parece que el coronel Casas recibió órdenes o avisos de Caracas que le hicieron temer la venganza de los españoles ya vencedores, y se opuso también a que Bolívar y sus compañeros se embarcaran. En consecuencia todos cayeron en poder del enemigo”.
La versión de Briceño Méndez es corroborada por el coronel Belford Wilson, que escribió en 1832 a Daniel Florencio O’Leary: “El general Bolívar siempre se glorió delante de mí de haber arriesgado su propia salvación, que pudo haber conseguido embarcándose, con el fin de asegurar el castigo de Miranda por la traición que se le atribuía. No carecían de fundamento sus razones, pues argüía que si Miranda creyó que los españoles observarían el tratado debió quedarse para hacerles cumplir su palabra, y si no, era un traidor por haber sacrificado su ejército”.

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