jueves, 25 de enero de 2018
DEPORTES BÉISBOLGRANDES LIGAS
24 de enero de 2018 - 19:01
NUEVA YORK.- Vladimir Guerrero, Chipper Jones, Jim Thome y Trevor Hoffman fueron elegidos el miércoles al Salón de la Fama del Béisbol.
El bateador designado Edgar Martínez quedó muy cerca tras una intensa campaña por parte de sus fanáticos. Barry Bonds y Roger Clemens, ambos manchados por el escándalo de los esteroides, siguieron sumando adhesiones pero volvieron a quedarse cortos.
Guerrero se convirtió en el tercer jugador dominicano que ingresará al templo de los inmortales del béisbol, y el primero de posición. Los otros dos son los lanzadores Juan Marichal y Pedro Martínez
. Guerrero fue elegido en su segundo intento. Nueve veces convocado para el Juego de Estrellas, el toletero disputó la mitad de su carrera con los Expos de Montreal.
Jones y Thome dejan en 54 la cifra de jugadores elegidos en su primer año por la Asociación de Cronistas de Béisbol de Norteamérica.
El tercera base Jones cumplió toda su trayectoria en las mayores con los Bravos de Atlanta, con ocho selecciones al Juego de Estrellas. Thome bateó 612 jonrones, octavo en la lista histórica, y actuó primordialmente con los Indios de Cleveland.
Hoffman fue elegido en su tercer año. El ex cerrador de los Padres de San Diego consiguió 601 rescates, la segunda mayor cantidad en la historia, por detrás de los 652 de Mariano Rivera.
Los cuatro nuevos miembros serán exaltados el 29 de julio en Cooperstown, Nueva York.
miércoles, 17 de enero de 2018
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DEPORTES FÚTBOL
"Se acabó": Ronaldinho se retira oficialmente del fútbol
16 de enero de 2018 - 20:01
Ronaldinho, de 37 años, no jugaba en una competición oficial desde 2015, cuando disputó sus últimos nueve partidos con el Fluminense de Río de Janeiro. Su retiro oficial fue confirmado por su representante y hermano Roberto de Assis Moreira
Ronaldinho
Ronaldinho, exjugador brasileño de fútbol. EFE / ARCHIVO
RÍO DE JANEIRO.- Ronaldinho se retira oficialmente del fútbol: el astro brasileño no volverá a jugar como profesional, anunció este martes su representante, su hermano Roberto de Assis Moreira, dos años después del último partido del excampeón del mundo.
"Eso estaba definido. Faltaba solo confirmarlo. Él no juega hace tiempo", dijo De Assis a medios brasileños. Ronaldinho, de 37 años, no jugaba en una competición oficial desde 2015, cuando disputó sus últimos nueve partidos con el Fluminense de Río de Janeiro.
"Él paró. Se acabó. Vamos a hacer algo grande, algo bueno, después del Mundial, probablemente en agosto", señaló asimismo el hermano del carismático jugador al periódico "O Globo", ya pensando en la conmemoración del retiro de la gran estrella brasileña, que juega desde hace tiempo sólo partidos de exhibición y benéficos tras el fin de su contrato con el equipo carioca.
"Ronaldinho, la sonrisa del fútbol. La magia del Camp Nou. ¡Gracias por todo", escribió en Twitter el Barcelona, el club en el que más brilló el centrocampista ofensivo natural de Porto Alegre en el sur de Brasil, junto con una foto de "Dinho".
Ronaldinho fue el último gran astro brasileño antes del ascenso de Neymar. En 2002 se proclamó campeón del mundo en el Mundial de Corea y Japón, entonces como escolta del "Fenómeno" Ronaldo. En 2005 obtuvo el Balón de Oro otorgado por la revista "France Football".
La FIFA lo condecoró también como el mejor jugador del mundo por dos años consecutivos en 2004 y 2005, cuando el galardón se otorgaba por separado antes de la fusión con el Balón de Oro.
Ronaldinho vivió su esplendor como futbolista con el Barcelona. Con el club catalán ganó dos campeonatos españoles (2005 y 2006) y la Liga de Campeones de 2006 como la gran estrella del equipo entrenado por el holandés Frank Rijkaard. En el vestuario azulgrana coincidió también con Lionel Messi, haciendo de mentor en el campo para la joven estrella argentina.
Mago con la pelota a sus pies y elogiado siempre por su juego alegre y desenfadado, Ronaldinho empezó su declive a partir de la temporada 2007-2008 cuando daba más que hablar por sus fiestas y sus salidas nocturnas en Barcelona. Josep Guardiola pidió finalmente su salida del equipo tras su llegada al banquillo azulgrana a mediados de 2008.
Ronaldinho debutó como profesional en 1998 con el Gremio brasileño. El salto a Europa lo dio con el Paris Saint-Germain, donde jugó entre 2001 y 2003 antes de fichar por el Barcelona.
Ya disminuido, "Dinho" pasó al Milán en 2008 y, de regreso a Brasil, estuvo en el Flamengo, el Atlético Mineiro y el Fluminense entre 2011 y 2015. También tuvo un breve paso por el fútbol mexicano como jugador del Querétaro (2014-2015). Con el equipo aurinegro obtuvo la Copa Libertadores de 2013.
Con la "canarinha" fue clave en la conquista del Mundial asiático, el histórico quinto título de Brasil. A la historia de los Mundiales pasó con su gol de tiro libre ante Inglaterra en los cuartos de final del torneo, cuando sorprendió desde lejos al arquero David Seaman.
Ronaldinho también disputó la Copa de Alemania 2006, en la mejor etapa de su carrera, pero cayó eliminado con el equipo frente a Francia en los cuartos de final, sin conseguir brillar en el campo.
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Era la primavera de 1999, Rod Carew estaba en el terreno, uniformado de Angelino, invitado como coach especial a los entrenamientos del equipo. Al ver a Rubén recostó el bate que tenía en la mano de un tobo de pelotas y se preparó para recibir el abrazo de su amigo periodista.
Se hicieron cercanos cuando el Salón de la Fama panameño fue jugador de los Tigres de Aragua. Recuerdo perfecto aquella clínica que le pidió para la audiencia de Promar TV, comenzó así, con Carew bate en mano: “Rod Carew tenía siete maneras de pararse en plató y daba imparables hacia todos lados”…
Recorrer los campos primaverales con Rubén Mijares tenía varias ventajas, una era esa, la garantía de que muchas de esas leyendas apartarían unos minutos de su tiempo para atender al veterano periodista y a quienes lo acompañábamos. Otra cosa muy valiosa era verlo trabajar, su abordaje en las entrevistas, tanto con las estrellas como con los novatos, andar con él era aprender constantemente, de pelota y de periodismo.
Rubén Mijares era dueño de un sinfín de historias memorables, recordaba cada detalle de los siete juegos de la Serie Mundial de 1975, tal vez sea por eso, más que por mi propia memoria, que la considero la mejor de todos los tiempos. Describía a cada uno de los jugadores realzando sus fortalezas, le daba importancia a los detalles que no vimos quienes la seguimos en nuestros televisores en blanco y negro.
Nos iba contando historias mientras conducía por las carreteras de Arizona y se desviaba para detenerse en un mall Outlet para aprovechar las ofertas y buscar una tienda de música para encontrar un disco, otro más, de Dámaso Pérez Prado, entonces el cubano se convertía en otro pasajero, en parte de la banda sonora de días inolvidables ¡Uh!
No conozco a nadie que supiera más de la música del genio del mambo.
Era divertido y ocurrente, generoso para compartir sus conocimientos y sus cuentos, que parecían inagotables, fueron más de 40 años de campo en campo, incontables innings, ponches y batazos.
Parecía rudo, como todos tenía sus días de mejor humor que otros, pero no perdía la caballerosidad, siempre.
Sin embargo yo solo puedo decir que disfruté su anecdotario y su dulzura. Me conmovía verlo buscar las muñecas Barbies más hermosas de cada juguetería, para su hija Gaby, con quien fue un padre amoroso y orgulloso.
Su sentido del humor era otra característica, ocurrente y veloz para sacar el bate, mejor dicho, para responder a situaciones.
Una vez, en Cooperstown, su esposa Mariela salió de una tienda con un espantapájaros precioso, vestido de pelotero, de más de metro y medio. Cuando la vio con el muñeco, ella muy emocionada con su compra, la miró unos segundos y le preguntó: “¿Tú le compraste pasaje a ese señor?”, cada vez que lo recuerdo me río porque Mariela le respondió con un guiño y le hizo imaginar lo bien que luciría en su hogar de Barquisimeto.
Creo que todos los amigos de Rubén tenemos cuentos para recordarlo y los fanáticos montones de comentarios que hacía en las transmisiones y que nos enseñaron a ver mejor el juego.
A Rubén Mijares le debemos, por ejemplo, el plan de mejoramiento de los árbitros, libros de los momentos resaltantes de la LVBP por años, interesantes análisis que dejó en sus columnas “Beisbol por dentro”, clínicas con jugadores de todas las posiciones y lecciones que no se propuso dar y de las que aprendimos muchas cosas.
Uno veía el beisbol de una manera y después de una conversa con Rubén, lo veía con más herramientas, con más elementos para analizar.
Era un Atlas a todo color, una enciclopedia que hablaba.
Aprendió a hablar inglés cuando era un niño y limpiaba botas a los ejecutivos de Creole, con quienes conversaba de beisbol mientras lustraba zapatos y ellos a cambio le iban enseñando su idioma, le regalaban revistas que luego traducía con un diccionario y así, casi sin darse cuenta, se hizo bilingüe.
Emprendedor, insaciable de conocimiento y con ganas de surgir, se vinculó con el deporte que amaba con esa ventaja que le abrió el mundo para siempre.
Además sabía mucho de voleibol y otras disciplinas, porque era un inconforme, siempre quería saber más y de todo sacaba un aprendizaje.
Enriqueció la visión de muchos de mi generación, de todos quienes tuvimos el privilegio de escucharlo, en persona o a través de la radio, la televisión o sus escritos.
Decidió irse la madrugada entre el Día de la Divina Pastora y el Día del Maestro, dejándonos afligidos por su ausencia, pero con la satisfacción de haberlo disfrutado y de tener tanto qué agradecerle. No quiero despedirlo en esta crónica, no sé si es posible despedirse de alguien que en verdad está y estará presente para siempre, en el beisbol que vean mis ojos y en cada acorde de Pérez Prado que escuchen mis oídos
viernes, 10 de noviembre de 2017
La árbitra quiere que veas el juego, no a ella
Por ANDREW KEH 9 de noviembre de 2017 Volver al artículo principalComparte esta página
Bibiana Steinhaus se convirtió en la primera mujer en arbitrar en una importante liga europea de fútbol cuando pitó el partido de la Bundesliga alemana entre el Hertha Berlin y Werder Bremen, en septiembre. Credit Michael Sohn / Associated Press
HANNOVER, Alemania — La mayoría de los árbitros preferirían pasar una tarde en la silla del dentista que ver su nombre en el titular de un periódico. En su mundo, el anonimato implica un buen trabajo.
Entonces es natural que Bibiana Steinhaus ponga los ojos en blanco cuando piensa en la cantidad de veces que ha quedado atrapada en el ciclo de noticias sobre fútbol. Hace siete años, fue la árbitra de un partido de hombres en el que un jugador accidentalmente le tocó un pecho.
En alguna ocasión en 2014, Pep Guardiola, quien entrenaba al Bayern Múnich, le puso la mano encima —primero con molestia, luego arrepentido— en un juego en el que fungió como cuarto árbitro. También está la vez del encuentro de la Copa de Alemania, cuando un travieso Franck Ribéry le desanudó el zapato antes de un tiro libre.
Steinhaus, de 38 años, no le hizo caso a estos incidentes cuando sucedieron pero, para su desaliento, cada situación quedó registrada en video y se viralizó de manera desproporcionada. “Me parto el lomo durante veinte años”, comentó Steinhaus con una risa mordaz, “¿y soy famosa por eso?”.
Por eso y, ahora, por mucho más. Recientemente, en una tarde fresca, Steinhaus, quien en su carrera cuenta con haber arbitrado las finales de todas las competencias femeninas de fútbol a nivel mundial, recapituló los últimos y estimulantes meses de su vida. En septiembre, alcanzó un nuevo pináculo profesional pues pitó su primer juego en la Bundesliga, la máxima liga del fútbol alemán. Al hacerlo, se convirtió en la primera mujer en arbitrar un partido en una de las mejores ligas de Europa.
Mientras se cuidaba los síntomas de un resfriado con sorbos de té de hierbabuena, alternó entre el profesionalismo despreocupado (“Estoy haciendo el mismo trabajo que mis colegas”) y la sincera emoción sobre su último logro (“¡Es la bendita Bundesliga! ¡Qué increíble!”), y todo esto al mismo tiempo que enfrenta el estado multidimensional de ser una pionera en un campo que han dominado los hombres.
“No creo que lo haya aceptado”, para hacer referencia al estatus con el que todavía se siente ligeramente incómoda. “Trato de hacerlo”.
Sin embargo, ese primer juego del 10 de septiembre en la Bundesliga, frente a una multitud de 49.118 espectadores en Berlín, le brindó a Steinhaus una magnitud diferente de la fama. El Herta BSC, el local, ofreció “boletos Bibiana” a mitad de precio para las aficionadas y Reinhard Grindel, el presidente de la Federación Alemana de Fútbol, asistió a ver el partido desde las gradas.
Para Steinhaus, la hija de un árbitro aficionado, el ascenso a la Bundesliga fue la materialización de un sueño de toda la vida. Sin embargo, no fue hasta que recibió un diluvio de mensajes antes, durante y después del partido que comenzó a captar el sorprendente alcance que significaba su logro para otras personas. “Estás fijando nuevas metas para todas nosotras”, le escribió una colega.
Su ascenso destacó un reciente tramo de progreso para las mujeres en su profesión. En 2016, por primera vez, la FIFA fusionó su curso de capacitación para hombres y mujeres. Además, durante el verano, siete mujeres, incluida la árbitra canadiense Carol Anne Chenard, fueron elegidas para trabajar en partidos del Mundial sub-17 masculino en India, y una de ellas, Esther Staubli de Suiza, actuó como árbitra principal en un partido de la etapa de grupos.
Sin embargo, ninguno de esos pasos podría igualar el poder ver a su amiga dirigiendo un partido de las mejores ligas del mundo, afirmó Chenard.
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Durante su carrera, Bibiana Steinhaus ha arbitrado las finales de las principales competiciones mundiales de fútbol femenino. En septiembre ofició su primer juego en la Bundesliga, la liga profesional del fútbol alemán. Credit Jann Höfer para The New York Times
Steinhaus tenía 15 años cuando dio sus primeros pasos en el arbitraje y cinco años más tarde la Federación Alemana de Fútbol la había certificado para dirigir. Se dio cuenta de que el trabajo tenía una atractiva complejidad: cada partido representaba un mundo de 90 minutos dentro de otro mundo, donde su labor era interpretar las reglas y vender decisiones a 22 psiques particularmente delicadas.
Pero era buena en eso: a medida que progresó su carrera, le asignaron arbitrar en importantes torneos femeninos y en una gran cantidad de partidos trascendentales, como la final femenina de los Juegos Olímpicos de 2012 y la final femenina de la Liga de Campeones del verano pasado. Desde 2007, ha pitado encuentros masculinos de la segunda división alemana.
Mientras ascendía a la cima, Steinhaus de manera simultánea ha cultivado una carrera como oficial de la policía. Estos días, sigue trabajando 25 horas a la semana para el departamento regional de la policía, aunque su horario y su creciente fama la han confinado a un escritorio durante los últimos dos años.
“Es difícil ser policía en la calle cuando la gente solo quiere discutir jugadas de fuera de lugar”, explicó.
En el campo de juego, Steinhaus le resta importancia al papel que su género tiene en el trabajo. Cuando le preguntaron si pensaba que los incidentes con Guardiola y Ribéry habrían pasado si fuera un hombre, ella respondió: “Tal vez, tal vez no”. Sin embargo, tampoco ha evitado el tema.
En 2015, por ejemplo, durante un partido de segunda división en Alemania, Steinhaus mostró la segunda tarjeta amarilla a Kerem Demirbay, un mediocampista del Fortuna Düsseldorf. Después de que empezó a salir del campo, Demirbay regresó adonde estaba Steinhaus para decirle: “Las mujeres no deben estar en el fútbol de hombres”.
Steinhaus había escuchado el abuso en los estadios en innumerables ocasiones —su madre, Renate, no ha asistido a ninguno de sus partidos desde que hace varios años escuchó una interminable sarta de obscenidades y comentarios sexistas dirigidos a su hija en un partido de tercera división—, pero esta fue la primera vez en que había sido tan explícitamente dirigido a ella en el campo.
“Me dije a mí misma: ‘¿En verdad lo tengo que ignorar? Eso fue demasiado’”, señaló Steinhaus. No lo hizo. Reportó el incidente en el informe del partido y la liga suspendió cinco juegos a Demirbay.
A pesar de todo, Steinhaus no se siente totalmente cómoda en el papel de pionera o símbolo del cambio. “Para mí no es tan importante”, comentó. “Pero debo enfrentarlo porque es importante para otras personas”.
No obstante, antes de ese primer partido de la Bundesliga en Berlín, explicó que sintió otro tipo de emoción. Se percató de que quería tener un buen rendimiento para retribuir la confianza de la gente que la había puesto en ese sitio. Y de pronto sintió una fuerte necesidad de hacer bien su trabajo en nombre de todas las mujeres del mundo. “Porque, si no funciona aquí, tal vez no haya nadie en su país que les dé este tipo de oportunidad”, señaló.
Por supuesto que el juego, como los cientos que había pitado con anterioridad, pasó sin mayor aspaviento. En pocas semanas, la magnitud del momento se diluyó gradualmente y sus tareas dejaron de ser sucesos mediáticos.
Para su segundo partido de la Bundesliga, a mediados de octubre, la cobertura de su trabajo se limitó a unos cuantos párrafos en el periódico local. Justo lo que ella quería.
sábado, 4 de noviembre de 2017
Mi barajita de Gonzalo López Silvero [1930-2015]
Mi barajita de Gonzalo López Silvero [1930-2015] y ‘Así se juega el Béisbol’; por Mari Montes
11 de marzo, 2015
Siempre digo que debería ser un derecho de todo fanático del béisbol ir por lo menos una vez en la vida al Spring Training. Son unos días estupendos: se puede ver béisbol desde que amanece hasta bien entrada la noche. Los jugadores están sin la presión de ganar y poniendo a tono sus cuerpos, se reencuentran con el equipo, tienen más tiempo y más ánimo que en la temporada regular para atender a los fanáticos. Son días esplendorosos.
Desde muy niña soñaba con esos campos que veía en el programa de televisión Así se juega el Béisbol, que conducía Gonzálo López Silvero. Los niños de mi generación crecimos escuchándolo y viéndolo, en las narraciones del béisbol, en el boxeo, en los mundiales de fútbol, en los juegos olímpicos, en el Miss Universo, en el Miss Mundo y hasta en la entrega de los Premios Oscar. Por ser perfectamente bilingüe, además de un hombre culto y con sentido del humor, era requerido para todos esos programas por Venevisión.
Con su acento cubano escuchamos de los doble plays de David Concepción, Joe Morgan y Tany Pérez, los jonrones de Antonio Armas y Baudilio Díaz, la perfección de Nadia Comanecci, los goles de Franz Beckenbauer, la rabietas de John McEnroe, la Medalla de Rafael Vidal en las Olimpíadas de Los Ángeles.
Recuerdo especialemente que al hablar antillano se le impuso su amor por Venezuela en aquella narración emocionada y emocionante.
Su fuerte, por supuesto, eran los deportes. Tenía un resumen dominical llamado Deportivas Venevisión que tenía de todo. Y otro que hoy sería visto como un reality-show llamado La supervivencia de los más aptos, donde unos tipos eran sometidos a competencias en las que tenían que nadar, montar bicicleta, trepar árboles, descender por barrancos a rapel o bajar por un caudaloso río en un kayak, Aún así es imposible olvidarlo como la voz que dió cuenta del triunfo de Maritza Sayalero, Irene Sáez y Pilín León, o cuando dijo, por ejemplo: “Y el ganador es… ¡Robert De Niro, por Toro Salvaje!”.
Gonzalo formaba parte de nuestras vidas tanto como el televisor. Además, también estaba en la radio, durante la temporada de acá, con su gran llave Delio Amado León.
Su programa de los sábados, Así se juega el Béisbol, duraba media hora. En esos treinta minutos Gonzalo entrevistaba un pelotero y luego lo ponía a dar una “clínica”. Es decir: lo hacía explicar, bate o guante en mano, cómo era su mecánica de juego. Y coincidirán conmigo muchos de quienes lean esto que entre los más inolvidables programas estuvo el que hizo con Baudilio Díaz.
Si algo destacaba en los comentarios de Gonzalo era su respeto por el béisbol, por sus jugadores, técnicos y seguidores. Fue catcher y mánager, así que tenía esa visión de la estrategia del juego.
Aunque su profesión, o mejor dicho, su título universitario era de abogado, Gonzalo estuvo muy vinculado al béisbol en Cuba antes de la Revolución. Conocía el béisbol desde adentro, especulaba sobre la base de su experiencia. No hablaba pistoladas.
Lo conocí personalmente cuando trabajé en Omnivisión, porque él se encargó del Departamento de Deportes de ese canal, el primero por suscripción que hubo en Venezuela. Una mañana le hablé en la cafetería de cuánto lo admiraba y le dije que me gustaba mucho el béisbol. Seguimos conversando y al final me dijo: “¡No te cohibas porque eres una mujer! Que si de verdad sabes, te vas a ganar el respeto de la gente”.
Siempre le agradeceré el consejo.
Al poco tiempo se fue a vivir a Miami y volvimos a vernos durante la filmación de la película de Andrés Galarraga.
César Miguel Rondón decidió que Gonzalo debía ser el gran narrador de nuestra película. Gonzalo podía hablar sobre la trayectoria de Andrés Galarraga desde que apareció en la pelota profesional, pasando por cómo triunfó en las Mayores, hasta lo importante que fue escuchar a Don Baylor.
Y también habló del béisbol como modo de vida. Explicó con mucha franqueza lo que es la vida de un pelotero, dentro y fuera de las rayas de cal. Dio una lección de vida vista desde el béisbol.
Desde entonces nos comunicamos de vez en cuando. Aunque vivía en Miami no se devinculó de Venezuela, país al que quiso mucho y extrañaba, según me dijo siempre.
El anecdotario de Gonzalo es tan extenso como puede uno imaginar. Tiene cuentos con boxeadores, porque incluso ha sido juez de peleas importantísimas en Las Vegas, Nueva York, Japón, donde sea. Tiene historias con Don King, el polémico promotor de boxeo. De los Mundiales de Fútbol. Por ejemplo: fue amigo de Alfredo di Stefano, nada menos que “La Saeta Rubia”. Y dee no sé cuántos Juegos Olímpicos o Series Mundiales, de sus viajes en motor-home por Arizona y Florida, cubriendo el Spring Training. De sus años como catcher en la Universidad de la Habana.
Además también fue muy amigo de mi esposo, Daniel, quien lo conoció trabajando en Venevisión, hace un montón de años y quien lo siente, igual que yo, como un mentor, un consejero único, para hablar, en mi caso de béisbol, en el de Dany de televisión y, en el de los dos, de la vida.
Melvin: un Oriol que voló hasta el Olimpo;
Melvin: un Oriol que voló hasta el Olimpo; por Mari Montes
19 de agosto, 2015
Hubo un momento en la ceremonia en que me vino a la mente aquella atrapada: ésa, la célebre jugada con la que Melvin Mora apareció como un espectro, cuando ya la pelota iba a picar imparable, para atraparla de cabeza, asegurar el out y después de una vuelta hacer un gesto que pareció más bien una sentencia. Hoy dirían que “se perreó el out”. El bateador era Omar Vizquel y después de eso todo fue como si en la zambullida hubiesen quedado afeitadas las melenas de los todos los Leones. Fue inolvidable la narración de Gonzalo López Silvero, que pude oír después porque yo estaba en el estadio viendo la final, como fanática.
¿Qué iba imaginarme yo, aquella fatídica noche, que iba estar en la ceremonia de inducción de ese verdugo al Salón de la Fama de los Orioles de Baltimore, el otro equipo de mis amores?
Con el paso del tiempo, ya trabajando en el béisbol, entrevisté muchas veces a Melvin Mora y anuncié sus turnos al bate con sobriedad, con respeto, como debe ser, siempre esperando que diera una tabla. Le encantaba debutar en los Magallanes-Caracas en el Estadio Universitario.
Pasaba el tiempo de febrero a octubre y Melvin Mora no hacía el grado con los Astros, así que decidió irse a Taiwán. Parecía que nunca llegaría a las Mayores, pero de octubre a enero se lucía con el Magallanes. Era una estrella en nuestra liga.
De los muchachos de Andrés Reiner, Melvin no tenía eso que llaman “estampa de pelotero”. Siempre tuvo buen tamaño, pero delgado, rápido, hábil, joseador y disciplinado, digno representante del béisbol caribe… pero no era Richard Hidalgo, por ejemplo.
Pero Melvin Mora no estaba de salida porque jugaba en Taipéi. No: él tomó esa decisión porque no subía y necesitaba dinero, pero con la firme convicción de que llegaría a las Grandes Ligas. Taiwán era una vuelta larga, pero eso lo no lo detuvo. Cuando regresó, se uniformó con el Magallanes y un día su amigo Edgardo Alfonso le comentó que el coach de los Mets, Cookie Rojas, iría a Valencia a prepararlo porque iba a cambiar de posición ante la llegada de Robin Ventura. Melvin le dijo a Edgardo que él le iba a batear los rollings y al día siguiente se presentó en el José Bernardo Pérez y, según nos contó el técnico cubano, “hizo de todo, se lució, hizo un try out sin avisar”.
Rojas llamó a los Mets y les dijo que tenían que invitarlo a los entrenamientos de primavera en Port Saint Lucie y así fue como Melvin Mora comenzó su entrada al béisbol de Grandes Ligas.
En primavera decidió juegos con batazos, se lució a la defensa, pero no hizo el equipo grande. Ya los Mets estaban diseñados y Melvin no tenía puesto ahí, pero Bobby Valentine vio de lo que era capaz y como le dijo Cookie Rojas a Rubén Mijares y a esta servidora: “Va a subir y se va a quedar. Y si no es así, yo me voy a ir a Triple A con él”.
Recuerdo que le pregunté, faltando una semana para el último corte, “¿Qué te dice Valentine, Melvin?” y me respondió sin pensarlo: “Nada. Yo no quiero ni que me vea”. Era su temor a que lo bajaran… otra vez.
El 30 de mayo de 1999 fue llamado a Nueva York y de ahí en adelante la historia es conocida: fue una bujía en los Mets, en los play off protagonizó un doble robo inolvidable con Roger Cedeño y después anotó con un piconazo que le tiró John Rocker a Mike Piazza.
La predicción de Cookie Rojas comenzaba a cumplirse: el muchacho de Agua Negra, estado Yaracuy, iniciaba su carrera en el mejor béisbol del mundo.
Al año siguiente jugó con los Mets y fue cuando ocurrió el cambio a los Orioles, el equipo donde brilló durante diez temporadas, tanto como para convertirse en uno de los mejores utilitis y antesalistas de su historia, con números que lo llevaron al Salón de la Fama de la divisa: un inmortal de Baltimore.
Jugó con los Rockies y los D’Backs un par de temporadas mas y se retiró a ocuparse de su extensa familia.
El 28 de julio de 2001, su esposa Gisel tuvo quintillizos y los Mora se convirtieron en 8, con Tatiana, la mayor, que ya tenía 4 años cuando nacieron los celebrados bebés Génesis, Jada, Rebecca, Mathew y Christian.
Su mánager de entonces, Mike Hardgrove, confesó que tuvo temor de que la situación de los bebés prematuros desconcentrara a Melvin, pero él cuenta entre risas que se paraba en home pensando en chocar la pelota porque tenía que mantener a una numerosa familia.
Con los Orioles fue al Juego de las Estrellas, hizo un triple-play un día que jugó el short-stop por Cal Ripken con un batazo de Omar Vizquel (otra vez), se ganó la titularidad en tercera base, luego de jugar campocorto y en los jardines. Y también se ganó a la afición de Baltimore, que no se cansa de manifestarle afecto y admiración.
Eso es lo que se ve cuando Melvin camina por la calle, lo reconocen y le piden un autógrafo o un tomarse una selfie.
El día antes de la ceremonia estaba nervioso, ansioso, hablador. Firmó unas cien pelotas y se hizo unas quinientas fotografías para obsequiar en la inducción. Y a las once de la mañana en punto del viernes 14 de agosto de 2015 comenzó el acto en un salón del edificio de oficinas del Oriole Park at Camden Yards, en una sobria decoración blanca y naranja oriol. Fue servido un delicioso almuerzo mientras John Lowenstein (ausente por lesión), Gary Roniecke y Melvin Mora eran presentados formalmente por Rick Young como nuevos miembros del Olimpo oropéndola.
Vinieron los discursos. Melvin comenzó dando las gracias. Se suponía que leería unas palabras que llevaba escritas y que había repasado muchas veces, pero comenzó contando la anécdota de un día que se fue a hacer mercado con Richard Hidalgo, en Kissimmee, y como no hablaban inglés pensaron que todo lo que decía “99 off” costaba 99 centavos y llenaron el carrito de cosas y a la hora de pagar no tenían dinero suficiente. Parecía un standopero, la audiencia se rió mucho con el cuento y a Melvin se le olvidó seguir leyendo, pero no agradecer de nuevo a Gisele y a los niños y entonces se quebró. Estaba muy emocionado y al ver a su hija Rebecca, con los ojos llenos de lágrimas, tuvo que parar unos segundos… pero siguió para reconocer el apoyo de la afición, los periodistas y personalidades que lo llevaron al Salón de la Fama de los Orioles.
Pasaron unas pocas horas para ir al terreno, donde ocurriría la ceremonia ante los fanáticos, para ponerle la chaqueta verde que distingue a los oropéndolas inmortales. Estaban presentes Al Bumbry, Rick Dempsey, Tipy Martínez y Denis Martínez y la directiva del Salón de la Fama y del equipo. Primero salió Gary Roenicke y luego Melvin Mora, caminaron desde el club-house de los Orioles hasta el montículo por una alfombra anaranjada en medio de aplausos.
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Fotografía de Latinopinionbaltimore.com. Haga click en la imagen para ver en tamaño completo
Melvin llevaba el discurso escrito en la chaqueta del traje, pero antes le impusieron la chaqueta verde y las palabras se quedaron en el bolsillo. La verdad es que él quería hablar desde su corazón y así lo hizo. Recordó su infancia en su pequeño pueblo de Yaracuy y sus sueños. Siguió dando gracias a la familia, al béisbol, a los Orioles y los fanáticos, a Eddie Murray y a Cal Ripken Jr., para terminar con un mensaje al mánager Buck Showalter: “Gracias por hacer de los Orioles un equipo ganador, porque yo quiero mucho a los Orioles”.
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Fotografía de Latinopinionbaltimore.com. Haga click en la imagen para ver en tamaño completo
El pitcheo inicial lo recibió Gerardo Parra, quien luego se fue de 4-2 y en la serie descosió la pelota. Su amigo Adam Jones quiso homenajearlo y en sus dos primeros turnos pidió llegar al plato al son del “Carnaval”, de Celia Cruz. Esa noche el juego se prolongó durante 13 episodios y Manny Machado decidió con jonrón para dejar en el terreno a los Atléticos, que terminaron siendo barridos en los cuatro desafíos en el Camden. Vinieron los fuegos artificiales y sonó la primera estrofa de su canción favorita de la Guarachera de Cuba:
‘Todo aquél que piense
que la vida es desigual
tiene que saber que no es así
que la vida es una hermosura
y hay que vivirla”
Y en eso anda Melvin, el nuevo inmortal de los Orioles.
Yogi Berra: el cátcher sin careta;
Yogi Berra: el cátcher sin careta; por Mari Montes
23 de septiembre, 2015
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Un 23 de septiembre, el primer día del otoño. Lawrence Peter Berra lo eligió para marcharse.
Nació el 12 de mayo de 1925 en San Luís, Missouri, y creció en una barriada de inmigrantes italianos: The Hill.
Aunque se le recuerda como receptor, una de sus grandes virtudes era la versatilidad. Podía defender también las esquinas y jugar en el jardín derecho o el izquierdo. Donde era necesario, ahí estaba Berra.
Debutó con los Yankees de Nueva York en 1946 con 21 años. Y durante 18 temporadas fue uno de los yankees más célebres, aunque su último año como pelotero activo en las Grandes Ligas transcurrió con los Mets.
En tres oportunidades ganó el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Americana. A eso hay que sumarle que en dos votaciones alcanzó el segundo lugar y en una la tercera posición entre los mejores de la temporada. Fue invitado 15 veces al Juego de las Estrellas y tiene importantes récords de Serie Mundial: más juegos (75), más hits conectados (71) y líder en Series Mundiales ganadas con 10 de las 14 en las que participó. Además, fue el catcher en el único juego perfecto en Serie Mundial, en 1956, haciendo batería con Don Larsen.
Era buen bateador. Se paraba a la zurda y sabía conectar bolas malas. De hecho, una vez le comentaron al respecto y soltó una de sus frases: “Si se pueden conectar, son bolas buenas”. Era un bateador tan difícil de ponchar que en 1950 recibió nada más 12 ponches en 656 turnos, lo que quiere decir que abanicaba una vez cada 50 veces.
Le tocó vivir la época que de la post-guerra, cuando los jugadores de pelota eran considerados verdaderos héroes. Y él era uno. Fue firmado por los Yankees en 1942, pero no debutó hasta 1946 porque tuvo que servir a los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Sobre eso dijo una vez: “Yo estaba en la Armada, pero mi corazón estaba en el béisbol y con los Yankees”.
El apodo lo consiguió cuando aún era un jovencito. Su amigo Jack Maguire, quien también era beisbolista y jugó un par de temporadas en las Grandes Ligas, le dijo que él se parecía a un fakir haciendo yoga, así que le llamó “Yogi”. Años más tarde, jugando para los Yankees, se supo el mote y hoy es como lo conoce el mundo entero.
El sobrenombre de “Yogi” se hizo tan famoso que fue inspiración para William Hanna y Joseph Barbera cuando en 1958 crearon la comiquita del oso glotón del Parque Yellowstone: Yogie Bear por Yogi Berra.
Fue coach de los Mets de Nueva York. También de los Yankees. Y con estos últimos ganó dos Series Mundiales (1977 y 1978), con lo que su fama de “amuleto de la buena suerte” con los del Bronx quedó más que consolidada.
Veo que, después de todas estas líneas refiriéndome a la genialidad del pelotero Yogi Berra, es preciso decir que más allá de todo eso el legendario careta adquirió fama mundial por sus frases, hoy definidas como “yoguismos”.
30 frases memorables de Yogi Berra (1925-2015) 640X60
Algunos se burlan y dicen que más bien parecen disparates, verdades de Perogrullo, frases “obvias”. Y no pocos lo comparan con Cantinflas, algo que creo no debió molestar a Yogi. Hay montones de citas: unas que tienen que ver con el béisbol y otras reflejan su forma de ver la vida; otras igual de divertidas están relacionadas con su cotidianidad y su peculiar decir de los momentos vividos. ¡Cuánta generosidad hay en ésta que le dedicó a uno de los mejores lanzadores de la historia!
“Comprendo por qué Sandy Koufax ganó 25 juegos en 1963. Lo que nunca me he explicado es cómo perdió cinco”
La cita está esculpida en la placa de Koufax en Cooperstown.
Cuando se le preguntó si Don Mattingly había superado las expectativas que despertó cuando llegó a los Yankees, respondió: “Yo diría que ha hecho más que eso”.
Para referirse al béisbol, a su trabajo, dijo cosas como “¿Pensar? ¿Cómo diablos se puede pensar y batear al mismo tiempo?” o “Si no puedes imitar a un pelotero, no trates de copiarlo”.
Frases como “En el béisbol todo ocurre de un momento a otro… y a veces antes” son completamente comprensible para los fanáticos de la pelota, quienes sabemos que algunos juegos se pierden antes de la voz de Play Ball! o en fracciones de segundo.
Muchas de sus expresiones reflejaban su magnífico sentido del humor y la ironía. “Nadie va ya al Yankee Stadium, porque siempre está lleno” podría parecer un disparate, hasta que descubrimos cuánta gente no puede ir un juego en el Bronx porque no consigue entradas. O ésta, que tiene que ver con que la suerte siempre está con quien lo hace bien, tanto en el diamante como en la vida real: “Solía tener mejor suerte cuando bateaba mejor”.
Hay humildad y sabiduría en otra frase que mucho recordamos: “Siempre pensé que el récord duraría hasta que alguien lo rompiera”.
Es una cantidad enorme de palabras. Son decenas de citas que cada vez que alguien las compila nos ponen a pensar: “La mayor genialidad consiste en no decir nada cuando nada genial hay que decir”.
Y, por supuesto, de todas la más repetida: “El juego no termina hasta que se termina”, una parte de su filosofía que trascendió al juego de béisbol. ¿Cuántas veces ha ocurrido que un juego que parecía ganado se perdió faltando un strike? Millares de juegos se han volteado luego de remontar diferencias que parecían imposibles. Todas la veces del mundo hay que esperar a que caiga el último out para cantar victoria.
Es una frase cargada de optimismo: nunca hay que rendirse y siempre se puede venir de atrás.
El peor momento puede cambiar en segundos y convertirse en la gran oportunidad para demostrar que con voluntad no hay imposibles, que no hay que entregarse antes de tiempo, que no puede decaer el ánimo ni en la situación más adversa…
Otro dicho reza que “La esperanza es lo último que se pierde”, pero el del béisbol dicho por Yogi Berra es mejor.
Algunos prefieren a Heidegger, a Nietzsche, a los Griegos. Otros a Los Beatles, a Winston Churchill o a Daniel Santos. A los beisboleros nos gusta citar a Yogi Berra porque así nos gusta ver las cosas: como aquella vez que le dijeron “Oye, Yogi, creo que perdimos” y respondió “Sí, ¡pero estamos gozando un mundo!”
Vamos por la vida tratando de no quitarle la vista a la pelota, atentos porque “Uno puede observar muchas cosas sólo con mirar” o “Si no sabemos hacia dónde vamos, terminaremos en cualquier otro lugar”.
A veces (muy pocas) cometemos errores que nos salen bien… o que al menos no cuestan tanto. De resto, decimos como él: “Cometí un error equivocado”. Y seguramente el amable lector sabrá a qué tipo de errores se refiere el catcher predilecto de Casey Stengel.
A Yogi le fue bien con sus cosas, sí. Aunque una vez dijo: “En realidad nunca dije lo que dije”, pero ésa no se la creemos.
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