sábado, 4 de noviembre de 2017

Mi barajita de Gonzalo López Silvero [1930-2015]

Mi barajita de Gonzalo López Silvero [1930-2015] y ‘Así se juega el Béisbol’; por Mari Montes 11 de marzo, 2015 Siempre digo que debería ser un derecho de todo fanático del béisbol ir por lo menos una vez en la vida al Spring Training. Son unos días estupendos: se puede ver béisbol desde que amanece hasta bien entrada la noche. Los jugadores están sin la presión de ganar y poniendo a tono sus cuerpos, se reencuentran con el equipo, tienen más tiempo y más ánimo que en la temporada regular para atender a los fanáticos. Son días esplendorosos. Desde muy niña soñaba con esos campos que veía en el programa de televisión Así se juega el Béisbol, que conducía Gonzálo López Silvero. Los niños de mi generación crecimos escuchándolo y viéndolo, en las narraciones del béisbol, en el boxeo, en los mundiales de fútbol, en los juegos olímpicos, en el Miss Universo, en el Miss Mundo y hasta en la entrega de los Premios Oscar. Por ser perfectamente bilingüe, además de un hombre culto y con sentido del humor, era requerido para todos esos programas por Venevisión. Con su acento cubano escuchamos de los doble plays de David Concepción, Joe Morgan y Tany Pérez, los jonrones de Antonio Armas y Baudilio Díaz, la perfección de Nadia Comanecci, los goles de Franz Beckenbauer, la rabietas de John McEnroe, la Medalla de Rafael Vidal en las Olimpíadas de Los Ángeles. Recuerdo especialemente que al hablar antillano se le impuso su amor por Venezuela en aquella narración emocionada y emocionante. Su fuerte, por supuesto, eran los deportes. Tenía un resumen dominical llamado Deportivas Venevisión que tenía de todo. Y otro que hoy sería visto como un reality-show llamado La supervivencia de los más aptos, donde unos tipos eran sometidos a competencias en las que tenían que nadar, montar bicicleta, trepar árboles, descender por barrancos a rapel o bajar por un caudaloso río en un kayak, Aún así es imposible olvidarlo como la voz que dió cuenta del triunfo de Maritza Sayalero, Irene Sáez y Pilín León, o cuando dijo, por ejemplo: “Y el ganador es… ¡Robert De Niro, por Toro Salvaje!”. Gonzalo formaba parte de nuestras vidas tanto como el televisor. Además, también estaba en la radio, durante la temporada de acá, con su gran llave Delio Amado León. Su programa de los sábados, Así se juega el Béisbol, duraba media hora. En esos treinta minutos Gonzalo entrevistaba un pelotero y luego lo ponía a dar una “clínica”. Es decir: lo hacía explicar, bate o guante en mano, cómo era su mecánica de juego. Y coincidirán conmigo muchos de quienes lean esto que entre los más inolvidables programas estuvo el que hizo con Baudilio Díaz. Si algo destacaba en los comentarios de Gonzalo era su respeto por el béisbol, por sus jugadores, técnicos y seguidores. Fue catcher y mánager, así que tenía esa visión de la estrategia del juego. Aunque su profesión, o mejor dicho, su título universitario era de abogado, Gonzalo estuvo muy vinculado al béisbol en Cuba antes de la Revolución. Conocía el béisbol desde adentro, especulaba sobre la base de su experiencia. No hablaba pistoladas. Lo conocí personalmente cuando trabajé en Omnivisión, porque él se encargó del Departamento de Deportes de ese canal, el primero por suscripción que hubo en Venezuela. Una mañana le hablé en la cafetería de cuánto lo admiraba y le dije que me gustaba mucho el béisbol. Seguimos conversando y al final me dijo: “¡No te cohibas porque eres una mujer! Que si de verdad sabes, te vas a ganar el respeto de la gente”. Siempre le agradeceré el consejo. Al poco tiempo se fue a vivir a Miami y volvimos a vernos durante la filmación de la película de Andrés Galarraga. César Miguel Rondón decidió que Gonzalo debía ser el gran narrador de nuestra película. Gonzalo podía hablar sobre la trayectoria de Andrés Galarraga desde que apareció en la pelota profesional, pasando por cómo triunfó en las Mayores, hasta lo importante que fue escuchar a Don Baylor. Y también habló del béisbol como modo de vida. Explicó con mucha franqueza lo que es la vida de un pelotero, dentro y fuera de las rayas de cal. Dio una lección de vida vista desde el béisbol. Desde entonces nos comunicamos de vez en cuando. Aunque vivía en Miami no se devinculó de Venezuela, país al que quiso mucho y extrañaba, según me dijo siempre. El anecdotario de Gonzalo es tan extenso como puede uno imaginar. Tiene cuentos con boxeadores, porque incluso ha sido juez de peleas importantísimas en Las Vegas, Nueva York, Japón, donde sea. Tiene historias con Don King, el polémico promotor de boxeo. De los Mundiales de Fútbol. Por ejemplo: fue amigo de Alfredo di Stefano, nada menos que “La Saeta Rubia”. Y dee no sé cuántos Juegos Olímpicos o Series Mundiales, de sus viajes en motor-home por Arizona y Florida, cubriendo el Spring Training. De sus años como catcher en la Universidad de la Habana. Además también fue muy amigo de mi esposo, Daniel, quien lo conoció trabajando en Venevisión, hace un montón de años y quien lo siente, igual que yo, como un mentor, un consejero único, para hablar, en mi caso de béisbol, en el de Dany de televisión y, en el de los dos, de la vida.

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