EL REPOSTERO DE EL LIBERTADOR
Publicado en 10 Julio 2010 por lahemerotecaluisrrondon.over-blog.com
El repostero Antúnez
25.07.2008
La historia es cruel –o mejor, los historiadores- olvidan a pequeños personajes que en un momento dado jugaron un papel muy importante en la vida de grandes héroes, salvándolos de peligros inminentes; éste es el caso del abnegado servidor de Simón Bolívar, el repostero José María Antúnez.
La noche del atentado magnicida del 28 de septiembre de 1828, cuando los “santanderistas” intentaron asesinar a El Libertador, en el palacio de Gobierno de Bogotá, fue señalada únicamente como la heroína del hecho a la quiteña Manuela Sáenz Aizpuru, cuando sugirió a Bolívar escapar por el balcón, porque de otra manera era seguro que no saldría vivo del particular lance.
En efecto, el Libertador-Presidente salta y en el esfuerzo pierde su espada y una pistola del cinto, era una noche lluviosa –característico de la capital- y corriendo se dirige a esconderse bajo las arcadas del puente del Carmen, sobre el riachuelo San Agustín. José María lo ve y se dirige en su ayuda, se oían disparos y gritos: ¡Muera el tirano! ¡Viva la Constitución de Cúcuta! ¡Viva el general Santander! Antúnez lo acompaña toda la noche calándose los huesos al igual que Bolívar.
Al llegar el alba, oyeron grandes exclamaciones dando vivas a El Libertador, decían ¡Viva Bolívar! ¡Viva el Presidente! ¡Mueran los asesinos!
Es por ello que envía al muchacho al vecino cuartel donde se encontraba el batallón “Vargas”; el repostero así lo hace, regresando e informando que los generales Rafael Urdaneta y José María Córdova habían dominado la situación y detenido a la mayoría de los anarquistas, incluyendo a Santander. En vista de ello, El Libertador retorna a palacio y sus seguidores respiran aliviados; son juzgados varios y fusilados otros –entre ellos el almirante José Padilla-; Santander fue sentenciado a muerte, pero le fue conmutada la pena por extrañamiento; Pedro Carujo –cabecilla del grupo- se salvó por delatar a sus cómplices.
Más adelante, en 1835, participará en la “Revolución de las Reformas”; herido es hecho prisionero y condenado a muerte, pero murió antes de cumplirse la sentencia, en Valencia el 31 de enero de 1836.
José María Antúnez era natural de Maracaibo, donde nació en 1804; cuando por fin la región zuliana se integra a la independencia en 1821, Antúnez es reclutado en las filas patriotas, en el batallón “Brillante”, al mando del coronel José María Delgado, luego forma parte del escogido batallón “Vencedores de Boyacá”, siendo parte de las fuerzas auxiliares colombianas destacadas a Perú por órdenes expresas de Bolívar al mando del coronel Juan Paz del Castillo, que regresaron en enero de 1823, sin tomar parte en las contiendas internas.
Es a partir de allí cuando Antúnez pasa a formar parte del personal de servicio del Presidente, al lado de la cocinera Fernanda Barriga, a quien Bolívar llamaba cariñosamente “Fernanda Séptima”. Estará con el Padre de la Patria hasta su muerte en San Pedro Alejandrino, en 1830. Retorna el repostero a Caracas, pobre y desamparado, deambulando por la ciudad, sin conseguir trabajo ni reconocimiento; él era un bolivariano puro, a pesar de su limitada instrucción.
El reputado político e historiador Ramón Azpúrua le dio cobijo en su casa, donde vivió hasta el final de sus días; éste inició en 1855, su recopilación de “Documentos para la historia de la vida pública de El Libertador” en unión del sacerdote y militar José Félix Blanco; y estamos seguros que José María Antúnez resultó una buena fuente informativa para el escritor sancarleño, extrayéndole confidencias muy interesantes, especialmente de esa noche septembrina, a la hora de revisar la apasionante historia de Simón Bolívar Palacios.
Relata Azpúrua lo siguiente sobre Antúnez: “Ninguno de los Gobiernos de las repúblicas que nacieron de la Gran Colombia mostraron el menor interés en ayudar a un anciano; y ni siquiera aplicaron aquella ley de asistencia a los últimos servidores; y Antúnez, en su hombría de bien y lealtad nunca desmentidas, añadió desinterés y abnegación patriótica, no instando jamás ni aún por lo que le correspondía. Murió en Caracas en la tarde del 1º de abril de 1868”.
Sirvan estas notas para reivindicar a los héroes anónimos de la Patria
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