De la gaita a Muchilanga
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Eleazar López Contreras
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Televisa (canal 5) era un buen canal de televisión, pero no tenía mucha audiencia. Tuvo muchos aciertos y destacaba la música venezolana, lo cual corrobora el hecho que el 1º de enero de 1953 transmitieron golpes tuyeros y hasta el Alma llanera, que fue la primera vez que este joropo bandera de Venezuela fue interpretado en televisión. España ayudó mucho a la televisora oficial y los documentales NODO –escribe Oscar Yanes-, se hicieron familiares para los televidentes. Uno de ellos, sobre Salvador Dalí, fue muy comentado en Caracas, pues Dalí anunció en pantalla que se presentaría desnudo en la llamada Corrida del Siglo que él había creado para ensalzar el genio español. En una entrevista acerca del planeado evento, le preguntaron:
–¿Habrá toreros o algo más?
–Habrá toreros, un rejoneador y un don Tancredo (un individuo que esperaba al toro a la salida de chiqueros, subido sobre un pedestal situado en mitad del coso taurino y pintado íntegramente de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto, ya que al quedarse inmóvil, el toro creía que la figura blanca era de mármol y no la embestía, convencido de su dureza). A ese don Tancredo, Dalí lo haría bailar un zapateado, antes de inmovilizarse, y el paseíllo sería un ballet… A eso agregó el pintor que él se encargaría de diseñar los trajes y decorar la plaza y otros detalles de la corrida. Uno de esos “detalles” es que habría un helicóptero y un submarino en la plaza.
–Al toro que le toque, mediante un sorteo, después de muerto será sacado del ruedo por el helicóptero… He pensado que el helicóptero llegue con un piano de cola muy brillante, colgado, y sobre el cual se deposite el cuerpo del toro.
–¿Y qué simboliza el piano?
–El lirismo pues la corrida también exaltará el genio de Manuel de Falla.
Competir con un espectáculo semejante (que nunca se dio) sería muy duro para los demás canales de televisión. Radio Caracas Radio, por ejemplo, triunfaba con Radio Rochela y la nueva Venevisión ya despuntaba con shows musicales, pero requería de algo contundente y eso apareció con el Venemarathón. Héctor Beltrán, Amelia Román y América Alonso conocían los maratones de Jerry Lewis, recaudadores de fondos en la televisión norteamericana. Entonces adaptaron la idea para ayudar a los niños pobres de Venezuela. Venevisión alquiló el cine Río para hacerlo desde allí. El desfile de artistas y números musicales eran grandes. Todos los años se ampliaba el Venemarathón y la recaudación y entrega de juguetes crecía, a la par de nuevas atracciones nacionales y extranjeras que elevaban la sintonía del programa. Entonces aparecieron los animadores del interior, desconocidos en Caracas e invitados especialmente para el gran evento, que se celebraba todos los diciembres y que se convirtió en símbolo de la Navidad venezolana. Ese fue el caso de Gilberto Correa, que se abrió paso en su carrera debutando en el Venemarathón, y también de su coterráneo Oscar García, quien tuvo la particularidad de introducir la casi desconocida gaita a toda Venezuela, pues fue en ese maratónico programa donde y cuando ese estilo comenzó a imponerse como música decembrina.
Las primeras gaitas zulianas, aparecidas en 1963, fueron La cotorra y La suegra, que fueron traídas de la mano de Los Cardenales del Éxito. Pero el bombazo definitivo, que terminó de abrirle una brecha a esta modalidad musical, lo soltaron Simón Díaz y Hugo Blanco con La gaita de las cuñas, exitoso binomio que introdujo una inteligentísima forma de crítica social. Su indiscutible aceptación dio origen a una cadena de exitosos long-plays que cada año parecían superar el éxito obtenido en el anterior, todos con el mismo corte del primero, que salió al aire en 1966. Pero Hugo Blanco, ingenioso creador de todo el asunto, no se quedó allí y, más adelante, pegó con fuerza un número que habla de un burrito sabanero, el cual ponía al pequeño jumento llanero en la vía de Belén.
La gaita se originó en El Saladillo y El Empedrado, dos de los barrios más antiguos y populares de Maracaibo. Originalmente se trataba de un contrapunteo entre dos cuatros, con la eventual participación de una voz solista y un coro. Esta gaita primitiva “tenía cierta semejanza con el punto cubano y carecía de estribillo –señaló el periodista-cronista Ciro Urdaneta Bravo-. Es posible que se tratara de la décima, que todavía no ha muerto de un todo y que tuvo gran auge en otras etapas de nuestra trayectoria histórica, pero de todos modos es un hecho que la gaita original nació en los albores de nuestra integración racial, bajo la influencia de los cánticos pascuales trasplantados a la tierra zuliana por los pioneros españoles del catolicismo”.
Fue en tertulias y reuniones informales donde los improvisados conjuntos de Maracaibo le cantaban a personas o animales, como la famosa cabra mocha de Josefita Camacho, y a hechos o productos comerciales, empleando ingeniosas letras y sorpresivos giros rítmicos, pero su temática actual ha perdido el sabor de la descriptiva parroquial de otras épocas, si bien se mantiene intacto su característico ingenio, que siempre estuvo presente en las gaitas que solicitaban reivindicaciones sociales mediante letras que exponían quejas y denuncias, empleando el siempre certero dardo de la sátira social o la crítica política. Después de adueñarse de las navidades caraqueñas, las gaitas zulianas le cantan a todo, desde una cabra que es mocha de los dos cachos, hasta el río Orinoco, el cual se encuentra algo alejado, geográfica y afectivamente, del Catatumbo.
Durante años surgieron grupos de diferentes estilos, todos mostrando su tradicional chispa y alegría, y algunos exhibiendo excepcionales sonidos que cada vez se distancian más de los conjuntos tradicionales. Algunos de ellos no han pasado más allá de la incorporación de elementos de la tamborera panameña, pero otros se han planteado estándares musicales más exigentes, lo cual les ha ganado cierta notoriedad internacional. Este es el caso del formidable grupo Guaco, que ha hecho proposiciones de mayor audacia musical, empleando instrumentos y sonoridades de orquesta para tocar gaitas con un swing moderno que suelen parar el pelo de punta a más de un tradicionalista. Dejando a un lado esos nuevos giros melódicos y rítmicos, la novedad traída por estos grupos ha sido su uniforme y regimentada coreografía, que todo el pueblo conoce e imita y que, a lo largo de los años, también ha sido adoptada por todos conjuntos de gaitas que cada Navidad se organizan en ministerios y oficinas públicas para amenizar sus fiestas de fin de año.
Como es un hecho que la gaita prácticamente suplantó a los aguinaldos tradicionales, los cuales venían en picada desde que surgieron cañones con fuego y pericos que tienen una curiosa forma de comer, es lógico que la gaita haya suscitado críticas y comentarios adversos, lo cual ocurrió desde que apareciera el primer disco de este género, que fue grabado en 1950, por los Gaiteros del Zulia. El mismo lo produjo José Ángel Mavares y salió a la venta en 1951 con las Gaitas N° 1 y N° 2.
Con sus letras heterogéneas la gaita desplazó a los tradicionales aguinaldos y parrandas. No obstante, el villancico tradicional también había sufrido cambios con el villancico étnico, que incorpora frases onomatopéyicas como gulungú, gulungú y he, he, he cambabé!, éste fue imitado hasta por autores cultos. La mexicana Sor Inés de la Cruz, p.e., usaba frases de reverberante pseudo-africano como tumba, la-lá-la, tumba la-lé-le. Eso mismo se dio en la música de tambor del Oriente venezolano, en donde los negros todavía fuman cachimba y tocan exuberantes tambores como la mina y la curveta. Y ni hablar de la afrocubanía donde abundan referencias a palabras de carácter negroide. Tal es el caso de una jocosa guaracha que se refiere a una golpiza en serie iniciada por Songo, quien le pega a Borondongo, para luego, éste sonar a Bernabé y Bernabé y, a su vez, darle su buen trompón a Muchilanga.
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