sábado, 5 de agosto de 2023

       

       

David Martinez
pero no lo cumpliste !
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#Efemérides En 1917, nace en la Ciudad Bolívar, Venezuela, Antonio Lauro, músico y compositor venezolano. Hijo de Antonio Laura Ventura, quien era barbero y músico, y de Armida Cutroneo, siendo ella la inspiración de una de sus piezas musicales. Desde temprana edad realizó estudios de música en Caracas.
Fue discípulo de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Savador Llamozas y Raúl Borges. Antonio fundó y dirigió los conjuntos corales en los diversos institutos de la educación media, entre ellos destacaron: el liceo Fermín Toro, el liceo Luis Razetti y la Escuela Normal Gran Colombia.
Entre 1933 y 1947 estudia en la Academia de Música y Declamación de Caracas, actualmente conocida como Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, y fue alumno de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Salvador Llamozas y Raúl Borges, obteniendo el grado de Maestro Compositor.
Este magnífico interprete creó también un conjunto musical al que llamó Los Cantores del Trópico en 1935, ahí su carrera comenzó a dar un giro y creció como gran compositor y arreglista, particularmente de piezas para guitarra.
En 1940 recibió su título de maestro compositor y decidió formalmente dedicarse a la creación musical. En 1947 compuso sus primeras obras de importancia como el poema sinfónico “Cantaclaro”. Un año más tarde, bajo el Gobierno de Marcos Pérez Jiménez es apresado y exilado por su vínculo con dirigentes del partido Acción Democrática, lo que llevó a Lauro a estar 10 años fuera del país, aunque no fue impedimento para continuar trabajando, de ahí llegan las partituras de “Suite Venezolana” y “Sonata”.
Antonio Lauro ocupó el puesto de percusionista en la Orquesta Sinfónica Venezuela. Compuso diversas obras clásicas para guitarra “Natalia” es una de las más famosas. Sin embargo sus composiciones tenían una calidad admirada por muchos, tanto que el guitarrista John Williams llamó al maestro “El Strauss de la Guitarra”.
En 1985, le fue otorgado el Premio Nacional de Música, en reconocimiento a su trayectoria y talento. Recibió el puesto de Director de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, así como también perteneció al trio Raúl Borges, compuso numerosas piezas para guitarra entre las cuales cabe destacar el Vals Natalia, reconocida internacionalmente.
Lauro falleció el 18 de abril de 1986 en Caracas, pero su legado continúa vigente. En la actualidad existe un Concurso Bienal Nacional con el nombre de Antonio Lauro y anualmente en Ciudad Bolívar, para el natalicio del compositor se realizan conciertos de guitarra clásica, donde se presentan músicos locales y nacionales.
La labor del maestro fue reconocida con el Premio Oficial de Música (1947, 1948 y 1950); Premio Vicente Emilio Sojo (1948, 1955 y 1957), Premio Nacional de Música (Venezuela, 1985); Hijo Ilustre de Ciudad Bolívar (1977); y Premio Casa de las Américas (Cuba, 1978).
Antonio Lauro es considerado como uno de los principales maestros latinoamericanos de la guitarra, ya que contribuyó a ampliar de manera definitiva el repertorio universal de ese instrumento.

CELIO GONZALEZ, SONORA MATANCERA. EL FLACO DE ORO.1924-2004.

 

    15 de julio a las 13:42

 
Amor sin esperanza (Bolero 1975) Celio Gonzales con La Sonora Matancera
Celio Adán González Ascencio nació en Camajuaní el 29 de enero de 1924 y falleció en Ciudad de México el 17 de octubre de 2004
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Fué un cantante cubano, conocido en el ambiente musical como "El Satanás del bolero", aunque en México, su país adoptivo, era conocido como El Flaco de Oro.

Su época más prodigiosa fue con la Sonora Matancera.

Sus inicios artísticos fueron estimulados por su madre, ya que lo protegía por la enfermedad hereditaria denominada focomelia, que le provocó nacer sin dos dedos de la mano y de los pies. De niño ayudaba a su madre a la venta de artículos de artesanías.
Participó en el concurso de La Corte Suprema del Arte realizado en Sancti Spíritus.

Residió algún tiempo en Camagüey y allí, con diecisiete años de edad, trabajó en la orquesta de Joaquín Mendivel, así como en el Conjunto Camacho. Fundó el Trío Nacional. Se trasladó a La Habana donde se empleó como cantante de los conjuntos

Los Jóvenes del Cayo de Alfonsín Quintana, el de Luis Santí y el Conjunto Casino.
Su época de oro empezó el 23 de mayo de 1956, con la Sonora Matancera, dirigida a la sazón por Rogelio Martínez. Fue cantante de planta de la orquesta en sustitución de Bienvenido Granda y Laíto Sureda.
La primera canción que grabó fue el bolero-rítmico "Quémame los ojos", su primer gran éxito, y luego otros como "Total", "Amor sin Esperanza", "Y no me engañes Más", "Besito de Coco", "Vendaval sin rumbo".
En 1959 ya Fidel Castro gobernaba la isla, cuando Celio regresando de una gira, se dio con la desagradable sorpresa que le habían confiscado e incautado todos sus bienes y al verse en la desesperación, viajó a la Ciudad de México junto a su esposa Martha Torres y sus hijos Celio Lázaro y Linda Elisa.

Contratado por la empresa de discos Orfeón, fijó su residencia en ese país.

En 1962 retornó a la Sonora Matancera y nuevamente firmó para Seeco Records, quedándose hasta 1965. Se añadieron nuevos éxitos "Yo soy el Son Cubano", "Vámonos de Fiesta", "Nobleza", "Noche de Farra".

Era frecuente verlo actuar en los carnavales del Puerto de Veracruz, durante muchos años.

Actuó en radio, televisión, teatro, centros nocturnos y grabó varios discos de larga duración. Se destacó en el bolero, aunque interpretó casi todos los ritmos. Entre sus grabaciones más recordadas está el bolero de José Dolores Quiñones "Vendaval sin rumbo".

Se le conoció bajo el epíteto de "El flaco de oro". En México se publicó un libro sobre su vida y obra.

En el 2003 participó en un homenaje póstumo a Celia Cruz. Falleció de un paro respiratorio. Antes de su fallecimiento logró grabar un disco de boleros en homenaje a José Antonio Méndez.  

viernes, 4 de agosto de 2023

LA HISTORIA DE ARGOS, EL PERRO QUE ESPERO POR 20 AÑOS A SU DUEÑO

 

2 d 
La historia de Argos, el perro que esperó durante 20 años el regreso de su dueño para poder morir.
Después de un largo viaje accidentado, el único ser en el mundo que reconoció a Ulises al volver a casa fue Argos, su perro fiel.
Al regresar de un viaje de décadas, no fue su esposa quien lo reconoció. Entre la multitud de personas anónimas, un héroe regresaba a casa, Ítaca, sin embargo, venido a menos después de una de las guerras más importantes de la Antigua Grecia. Sólo Argos, su perro, supo de quién se trataba: Ulises había vuelto a casa.
De entre los grandes héroes de la mitología griega, Ulises u Odiseo, como se le hace alusión en la epopeya que recibió su nombre por su inteligencia. Gracias a sus tácticas de guerra ingeniosas, llevó a los aqueos a la victoria en Troya, con la mítica batalla que ganaron con el caballo cargado de soldados griegos.
Después de años de participar en este conflicto bélico, en la Odisea (Canto XVII), se relata el viaje de regreso del héroe a casa. Se enfrentó a sirenas, tormentas inclementes y brujas que convirtieron a su tripulación entera en cerdos. Odiseo logró librar todas estas batallas con astucia, hasta que finalmente —según el poema de Homero—, llegó a Ítaca: su tierra natal.
Odiseo llegó viejo y cansado. Las canas le poblaron el rostro y el cráneo. La piel de su cuerpo ya no era tersa, como cuando emprendió el viaje para pelear en Troya. Por el contrario, los años y la guerra le habían cobrado altas facturas. Diez años en batalla; otros diez para volver a casa.
Al regresar a Ítaca, Odiseo temía que sus enemigos lo reconocieran. Por esta razón, invocó el poder de Atenea, la diosa de la sabiduría, de quien tenía amplia simpatía para que le velara las facciones y lo vistiera de mendigo. Ni siquiera su esposa lo reconoció al regresar.
El único ser en toda la isla que reconoció al héroe fue su perro: Argos. Al verlo llegar, descuidado, polvoriento y viejo después de dos décadas de no verlo, el animal se arrastró como pudo hasta los pies de su amo. Cuando volvió los ojos para saludarlo, agitó trabajosamente la cola, para indicarle que sabía perfectamente de quién se trataba.
Sin embargo, Odiseo no podía dejar de disimular su papel de mendigo. Por esta razón, y, aunque supo que era su perro, no lo pudo saludar. El héroe sólo derramó lágrimas. Argos murió después de eso, a los pies de su amo, como símbolo de lealtad absoluta.